• Edgardo Sánchez M.

Y para qué el Teatro hoy:


* Este fue el discurso que leyó este destacado artista y director teatral de nuestra ciudad, en la inauguración del Festival Víctor Jara, cuando también abrimos oficialmente las puertas de nuestro centro cultural y a la sala destinada al teatro le pusimos su nombre en homenaje a su aporte y trayectoria.


Queridos amigos:


Les cuento. El lunes recibí una llamada telefónica casi de sopetón: una voz femenina, una tal Jessica me dijo “Don Edgardo Sánchez… sí… la sala de teatro de nuestra Fundación llevará su nombre… queda invitado…” Nervioso, porque días antes me telefonearon con el cuento del tío, apenas recordé el nombre de Jessica y de un centro cultural ubicado en una clínica en calle Chacabuco. Al día siguiente me di a la tarea de salir de mi empacho. Y dí con esta casa. Guiado por Jessica –ya fuera de sorpresa- me condujo a estos lugares: salas, salitas, puertas, pasillo y todo me pareció en reparación, en intentos de mejoras, a medio ordenar, pintar o lavar, espacios que querían mostrar su desnudez y/o su mala facha pero acicalándose para algún destino, para alguna fiestoca. Y hoy ya está toda vestida de gala. Claro… había un objetivo: conmemorar un aniversario más del nacimiento de nuestro cantautor, actor, director de teatro, músico, investigador y creador de un canto que tiene raíces profundas en la alegría, rebeldía y dolor de nuestro pueblo: VÍCTOR JARA, que en este mes de septiembre nació para “abrir sendas por los cerros y dejar su huella en el viento.. y hacer surcos en la tierra sin parar” (“El arado”)… y en este mismo septiembre que es patria, vida y primavera, fue para Víctor Jara tortura, balas siniestras y muerte; no tuvo “el derecho de vivir en paz” en una patria que se enlutó si perdón ni olvido.


Y en estos espacios, en esta sala o en la otra o en la de más allá, Víctor querrá ver que algún LUCHÍN “frágil como un volantín, con sus manitas moradas, con su pelota de trapo” llegue hasta aquí a hacer teatro, a cantar o a danzar.

Pero además en este recordatorio de la existencia truncada de Víctor Jara, ustedes queridos amigos de esta fundación, están rindiendo un homenaje muy sentido y meritorio a JOAN JARA, la profesora de danza y coreógrafa que no ha cesado en su lucha por develar a los asesinos de su compañero que “en cinco minutos quedó destrozado”. ¿Será un espacio para que otras Amandas y otros Manueles sientan las eternidades que dan los “cinco minutos que iluminan todo” en un encuentro en el fragor de las obligaciones cotidianas? Creo que sí, estarán aquí.


Y afuera, en el antejardín, pasará un hombre humilde y humillado, pero digno, probablemente un modesto barrendero municipal, chileno o tal vez haitiano que amaneciendo con frío “prenda un cigarrito para que caliente su cara con el cigarro encendido”.


De esta manera, con estos sentimientos, deseos y sugerencias queridos amigos de la FUNDACIÓN me uno a ustedes en estas actividades de conmemoración de los 87 años del nacimiento de nuestro artista mártir.

Y ahora me referiré a lo que señalé al comienzo; fui invitado a la inauguración de esta salita de teatro que llevará mi nombre. ¡Qué debo decir? Agradecer, naturalmente. En verdad me conmueve mucho y sobre todo en esta ocasión de RECORDATORIO.


Manifiesto, mi gratitud, muy sinceramente, por la evaluación que tal vez no merezca, pero debo señalar que es un reconocimiento a una labor o trabajo teatral que no es personal. Es la acción colectiva de muchas personas, es la capacidad creadora con los talentos y las voluntades que hacen confluir intuiciones, emociones, recuerdos, juicios, valores, realidad y ficción de los teatreros y espectadores. Es lo que constituye el teatro. Pero todas estas aristas de la creatividad se manifiestan también en forma separada o de manera conjugada en otras expresiones del arte y la cultura. Por eso creo, que la nominación de esta sala, que se singulariza en mi persona, es también un homenaje que siento y participo con los artistas del verbo y la esperanza: poetas, narradores, ensayistas y periodistas, con los cultores del folclore y las tradiciones, los que extraen las joyas de la voz y de los sonidos instrumentales; los artesanos y que dan nueva vida a la materia; con los que trabajan con la luz y la sombra y los colores, en fin, a todos ellos, conocidos o anónimos, los hago copartícipes de este honor.


Mi tierra es Chiloé; despedazada geografía que debí abandonar sueños y mitos por el remezón de la fuerza y la sinrazón militar civil, política y económica que atropelló y destruyó nuestro Chile desde 1973. Fue así que me instalé sin querer queriendo aquí en esta nueva geografía más compacta y dura; pero con otros sueños… y entonces, aparte de la docencia, abracé la realidad y los mitos de este suelo desértico donde sueñan sanchos y quijotes mineros. Hicimos teatro y más teatro con jóvenes, con adultos, con profesores, mineros, dueñas de casa y lo seguimos haciendo hasta el día de hoy con aquellos ex alumnos -algunos aquí presentes- que quedaron marcados con el “pi’ulle” “mierda mierda” de las tablas.


Copiapó es cuna de un quehacer teatral que viene desde la época de Chañarcillo. Antes que el teatro que instaláramos por la década del ’70 hubo un desarrollo de las artes escénicas con nombres que no deben olvidarse: Hernán Márquez Huerta, Medardo Cano, Fernando Moraga, Héctor Carvajal. Una tarea pendiente es rescatar su hacer, porque la cadena teatral que se inició en el año 1847 debe tener continuidad y los eslabones perdidos pueden ser argumentos para una segunda capital teatral del norte. Y si en Puerto Montt es la tercera región desde el sur, se impulsaron los TEMPORALES TEATRALES en las distintas caletas aquí podríamos “parodiar” con los ALUVIONES TEATRALES Y ARTÍSTICOS en los distintos tambos escénicos de la tercera Región. Amigos ¡No es tal vez un desafío?


Y si hablamos de desafío preguntémonos: ¿Para qué hacer teatro hoy? Formulo dos razones.

Primero, tomando versos de Víctor Jara (EL LABRADOR): “levántate y mira la montaña/ de donde viene el viento, el sol, el agua/ levántate y mira tus manos/ para estrechar la de tu hermano”. Es decir, el reclamo de nuestra madre tierra y dar el abrazo al inmigrante, al mapuche, al desvalido.


Segundo, hay un peligro de la tecnología y de una educación castrada: se quiere eliminar la educación artística en el colegio, por una parte. Por otra parte los medios de comunicación, como apuntara Jorge Díaz, hacen que “la nodriza que cuenta historias a los niños no es blanda, no es tibia, no les acaricia” y por tanto el teatro debe rescatar el ensimismamiento que da el diálogo corporal, que puede jugar en directo con los ojos que palpitan (García Lorca) y sonríen de verdad y hablar con la voz de todo el cuerpo. Esto ya no es un desafío para este centro. Así lo hacen Maribel y profesores y profesoras, directores de la Fundación Ser Humano.


Finalmente felicito y debemos reconocer y aplaudir la iniciativa, esfuerzos, perseverancia energías que remecieron e impulsaron a este grupo preclaro de voluntades para obtener este espacio que se convertirá a partir de hoy en un centro de cultivo de las artes que creo se desarrollará o crecerá en la libertad del tiempo y de los espacios. Ojalá se repliquen situaciones como ésta y tomando versos de Víctor Jara “abramos todas las jaulas para que vuelen como pájaros” los que lleguen hasta aquí y como en El Arao “vuelen mariposas” y entonces “cantan grillos y el sol brilla y brilla y haga surcos en la tierra sin parar”.


Muchas gracias


Edgardo Sánchez M.



COPIAPÓ, 29 de septiembre de 2019.



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